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May 21, 2008
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Teatro del Temporal

by ~Jesght

La lluvia adornaba mi ventana mientras escribía en frente de mi computadora datos aledaños a una investigación sobre las tierras antárticas. Mientras más leo sobre las labores increíblemente duras de los prohombres que trabajan por allí me siento feliz de estar aquí, en esta silla tan cerca de la estufa. La investigación avanza con rapidez. Cada vez encuentro más datos, que agregan valor a la montaña de letras que forman mi trabajo. Descubro que cuando sus cuerpos caen en las eternas grutas heladas, son imposibles de rescatar. Los pocos que han sido salvados pierden parte de sus cuerpos, que están tan entumecidas que es imposible que la sangre las alimente. Un hombre sin piernas en tierras heladas ya no sirve más que para contar historias, y repetir su experiencia mil veces a los más jóvenes que pronto la ignoran mientras toman su café. Cuando todos se van, se mece en su silla sabiendo que ya nadie lo escucha, que ya no sirve, que su vida es una gruta eterna en la que está atrapado sin poder salir.

Un sonido extraño me distrae de mis labores ensimismantes. Miro por la ventana y me doy cuenta del viento que remece los árboles con fuerza mientras las hojas salen volando. Algunas se quedan pegadas a los vidrios. El aire viaja tan rápido que se cuela entre mi ventana y hace flotar mi manta. Instintivamente acerco la estufa aún más, y me afirmo a la manta mientras devuelvo mi mirada a la pantalla pensando que una llovizna se está convirtiendo en un temporal. Pronto descubro que algunos de los exploradores son mandados a lugares lejanos en castigo, y deben arreglárselas solos por semanas. Siempre llevan más alimentos de los que piensan que necesitan, porque las tormentas blancas son inclementes, y algunos se pierden para siempre entre montañas y planicies. A veces un simple paso conduce a la muerte, mientras que otras veces sobreviven sin poder moverse por días, y mueren temblando, como témpanos de hielo. A otros les invade una risa incontenible que se manifiesta como el canto de los cisnes: Solo una vez, y en la muerte. El eco a veces llega a las aldeas donde no pueden hacer más que persignarse y esperar inútilmente que no suceda de nuevo.

Por un segundo me parece escuchar una risa en el horizonte, como indicándome la muerte de uno de los exploradores castigados por su rebeldía. Miro por la ventana. La lluvia se ha convertido en granizo y azota contra el suelo. La estufa lanza olor a gas, pero evito tener que apagarla. Busco mis zapatos debajo de la mesa y los cambio por mis pantuflas antes de seguir leyendo. Un sitio web extraño indica que cuando nieva en las aldeas hay un toque de queda que evita que cualquiera salga, pero que es imposible controlarlo. Como algunas veces las tormentas llegan de sorpresa, y no hay tiempo de entrar a los refugios a tiempo. Algunas personas se quedan afuera y es imposible abrirles la puerta, pues esto significaría la muerte de todos. La nieve pronto los cubre y desaparecen: se han hecho parte del paisaje. No son más que un cerro un poco más alto, un campo un poco más difuso, que otros pisarán sin darse cuenta. Las lágrimas también se congelan, y es imposible verlas. Sus caras se han perdido y son solo nieve. La pantalla de mi computador comienza a parpadear con locura. Miro otra vez por la ventana. El granizo ahora es nieve, y pinta todo de blanco. Al parecer los postes de la luz no resisten su peso y comienzan a ceder. Decido grabar el trabajo con presteza para evitarme futuros problemas. La llama de la estufa comienza poco a poco a apagarse. Creo que olvidé cambiar el balón de gas. Trato de desconectarlo pero tiemblo tanto que se me hace muy difícil. Finalmente lo logro, justo antes de que el computador se apague junto con el sonido del poste cayendo. Se apagan, también, todas las luces. Recuerdo que a veces los esquimales quedan aplastados por el peso de sus propios iglúes, convirtiendo su salvación y cobija en su tumba. Tal vez esa muerte sea la más heroica, pues se cae con el hogar. Aunque eso nada tiene que ver, nada. Siento ganas de reírme de mi estupidez, de pensar en cosas que nada tienen que ver con mi trabajo, pero me resisto como si todo dependiera de ello. Pasan segundos interminables, mientras mi cuerpo me avisa que debo moverme, pero no puedo, no puedo, estoy atrapado en mi gruta sin puertas, sin puertas, sin nadie, sin luz, sin computador, sin ayuda, sin lágrimas. Todo me parece demasiado gracioso, demasiado estúpido, demasiado risible. Estallo en carcajadas que no son más que dolor, que no son más que cerros en la Antártica que no hacen más que adornar el paisaje. Sé que ya he dicho mi último adiós. Nieva.
:iconjesght:
Cuento escrito como tarea. No diré de que se trata, para que intenten descubrirlo. Solo puedo decir que me gustó mucho al final. Espero que a ustedes tambien
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